<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><?xml-model type="application/xml-dtd" href="http://jats.nlm.nih.gov/publishing/1.1d3/JATS-journalpublishing1.dtd"?>
<!DOCTYPE article PUBLIC "-//NLM//DTD JATS (Z39.96) Journal Publishing DTD v1.1d3 20150301//EN" "http://jats.nlm.nih.gov/publishing/1.1d3/JATS-journalpublishing1.dtd">
<article xmlns:ali="http://www.niso.org/schemas/ali/1.0" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" dtd-version="1.1d3" specific-use="MethaodosJats 1.0" 
article-type="research-article" xml:lang="es">
<front>
<journal-meta>
<journal-id journal-id-type="epub">m.rcs</journal-id>
<journal-title-group>
					<journal-title>methaodos.revista de ciencias sociales</journal-title>
				</journal-title-group>
<issn pub-type="epub">2340-8413</issn>
<publisher><publisher-name>methaodos.revista de ciencias sociales</publisher-name></publisher>
<self-uri content-type="contact" xlink:href="mailto:salvador.perello@urjc.es"/>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id pub-id-type="art-access-id" specific-use="methaodosJats">404</article-id>
 
<article-categories>
		<subj-group subj-group-type="heading">
		<subject>Sin sección</subject>
		</subj-group>
		</article-categories>
<title-group>
				<article-title xml:lang="es">Lipovetsky, Gilles (2016): De la ligereza. Barcelona: Anagrama.  344 pp. ISBN: 978-84-339-2813-9.</article-title>
			</title-group>
<contrib-group>
        		<contrib contrib-type="author" corresp="no">
            		<contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0002-6956-6008</contrib-id>
            		<name name-style="western">
                	 <surname>García Arranz</surname>
                		<given-names>Ana María</given-names>
            			</name>
            <aff>
                <institution content-type="original">EAE Business School, 				España</institution>
                <institution content-type="orgname">EAE Business School</institution>
                <country country="ES">España</country>
            </aff>
        </contrib>
    </contrib-group>

			<pub-date pub-type="epub">
				<year></year>
			</pub-date>





<permissions>
<ali:free_to_read/>
<license xlink:href="https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/">
<ali:license_ref>https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/</ali:license_ref>
<license-p>Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.</license-p>
</license>
</permissions>
<abstract xml:lang="es"><p>&lt;p&gt; &lt;/p&gt;</p></abstract>


<counts>
<fig-count count="0"/>
<table-count count="0"/>
<equation-count count="0"/>
<ref-count count="0"/>
</counts>



</article-meta>
</front>
	<body>
		
  <sec>
    <title/>
    <p/>
    <p>En el contexto de la urgencia y efectividad taumatúrgica de las sociedades actuales todo es —o al menos es deseable que sea— ligero: la economía, la moral, las relaciones, el consumo, el cuerpo, la moda, el diseño, la arquitectura… hasta en el núcleo interno de nosotros mismos buscamos levedad. Una levedad, por cierto, apenas abordada por la literatura hasta que se ha hecho enteramente ineludible, en un momento en el que pasa de ser algo amorfo e inasible y difícilmente extrapolable a un universo entero, a una necesidad antropológica que vertebra toda nuestra existencia. Lipovetski acude a las referencias parciales y (des)concentradas en la obra de Bourdieu, Bachelard, Durkheim, Baudrillard, Bauman y otros tantos, pero es en la filosofía de Nietzche donde encuentra una enmienda a la totalidad, un ‘himno al aligeramiento de la vida’.</p>
    <p>De la ligereza es la culminación a la línea de pensamiento que encontrábamos en La era del vacío (1983), El imperio de lo efímero (1987), Los tiempos hipermodernos (2006) o La felicidad paradójica (2007) con continuas reminiscencias y evocaciones, pero desde una óptica extendida y renovada. Se presenta por primera vez un fenómeno en la historia puesto que nunca antes lo ligero e intangible se había cristalizado con tanta claridad en cada recodo de nuestra existencia. El mundo se desmaterializa, se comprime, se descarga, al tiempo que la ligereza, —antes imaginaria— se convierte en el signo de nuestro tiempo.</p>
    <p>Lipovetski define el universo de lo ligero como una necesidad psicológica y un principio organizador de la realidad social que se manifiesta en el individuo y en todo cuanto le rodea, modificado su estilo de vida, su espíritu y sus relaciones. Se desentraña una ligereza multidimensional: la ligereza–mundo, que adopta distintas formas y categorías: aérea, frívola, veleidosa o subjetiva en un intento de poner orden en el caos de su intrínseca pluralidad.</p>
    <p>La de Lipovetski no es una oda a la ligereza, ni un panegírico a este descubierto principio transversal a la sociedad hipermoderna. Las casi 400 páginas del ensayo están muy lejos de una presentación ligera del asunto (tal y como podríamos esperar) y lo hace con un hilo argumental y un análisis excepcional y deliberadamente caótico, metamorfoseándose así con su propio objeto de observación: la tensión entre lo ligero y lo pesado. Y junto a este conflicto, su proyección y resultado: la ligereza supone grandes esperanzas y, a un tiempo, indesdeñables amenazas, angustias y servidumbres. A medida que el individuo desbroza el desasosiego consustancial a la vida misma, aparece la nueva fuente de sufrimiento del mundo contemporáneo. El ‘malestar de la cultura’ se hace palmario a medida que la pesadez se impone a la levedad.</p>
    <p>Lipovetski analiza todas las formas que toma este nuevo universo de lo material y lo simbólico, haciendo un repaso del binomio pesadez–ligereza que ha impregnado la historia y a las distintas sociedades. El transvase de uno a otro extremo ha sido apenas percibible. El autor acude a la primera modernidad, rigorista y moralista, donde la ligereza aparece como un elemento periférico, como un epifenómeno inútil, vacío. Apenas se vislumbran ya aquellas sociedades resignadas en la vida para encontrar la salvación tras la muerte. La hipermodernidad destierra la idea trágica del destino y se busca la redención en el aquí y el ahora.</p>
    <p>En la actualidad, el significado de la ligereza ha dado un vuelco al imaginario colectivo presentando su reverso y transmutándose en un ‘hecho social total’, ideal e imperativo. Aquella sociedad en la que este concepto acogía en su entendimiento a lo frívolo y a lo carente de valor ha caducado y se extiende una corriente nihilista de una sociedad que vuelve la espalda a la rectitud, a favor del hedonismo. Se permuta la seriedad, por el humor; la estabilidad, por lo efímero; la permanencia, por el nomadismo; el sacrificio, por la despreocupación; la verdad, por el bienestar personal; lo necesario, por lo insignificante.</p>
    <p>A esta situación se ha llegado por la inmersión en un deseo profundo e inconsciente de huida de la pesadez de las cargas privativas de la vida en la que se multiplican las expectativas, las necesidades, las urgencias, las nuevas implicaciones del ‘ser’ y del ‘tener’ y, con ello, el aumento y agravamiento de las responsabilidades. Un mundo tan aturdido y enmarañado sólo encuentra descompresión, alivio y sentido en su opuesto: la ligereza, que se configura como una aspiración que atraviesa a todos los grupos con mayor o menor intensidad, en un proceso de legitimación y generalización social.</p>
    <p>El universo contemporáneo ha invertido su prefijo. Hemos pasado del mega– y del súper–, al micro–, al nano–. Asistimos al dominio de las ‘materialidades ínfimas’ (Foucault). Mientras la ligereza se hace la latente, el mundo y todo aquello que lo comprendía se ha miniaturizado en una nanorrevolucion en la que todo nuestro utillaje es producto de una ‘ingeniería liliputiense’ sinónimo hoy de eficiencia técnica.</p>
    <p>El estilo de vida coloca al individualismo más allá de una característica de la época. Se torna hoy un ‘individualismo errante’, liberado de las ataduras de la familia, de la religión, de la política, en una suerte de decadencia nihilista. Lo light altera igualmente a la democracia y a la vida pública en un marco de desinstitucionalización de los grandes sistemas de referencia a los que Aron se refería como ‘religiones seculares’. La desutopización obliga entonces a una reformulación del orden social y de los afectos y desafectos del individuo. La revolución ya no revuelve a nadie, la patria ha dejado de ser el pretexto por el que sacrificarse y luchar; la ortodoxia partidista se ha caricaturizado en la política–espectáculo repleta de un dandismo vulgar. La fe en el proyecto colectivo de sociedad se ha diluido en ideas, también light, y la decepción a las promesas mesiánicas de bienestar desculpabilizan una egolatría e hiperindividuación que cada vez es menos necesario justificar.</p>
    <p>El autor presta especial atención a las formas de consumo en la que cada vez se desdibujan más las fronteras entre lo necesario y lo desdeñable. El consumo pierde el objeto del valor de uso y caprichos inútiles se convierten en requisitos indispensables. El hiperconsumo deviene del rechazo al sentimiento de carencia, austeridad y al ascetismo de otrora. Es la tiranía del cambio constante, de la inconstancia y de la seducción. El neoconsumidor actual no compra para etiquetarse en el marco del antagonismo clasista de las rivalidades estamentales ni de la ostentación de un determinado rango social; exonera los arraigos de la cotidianidad a golpe de éxodo epicureista. Se pretende aligerar la vida al tiempo que nos rodeamos un exceso de bienes inútiles por definición que pretenden procúranos una vida más ‘fácil’ en teoría, pero que es evasión, eliminación del vacío, en realidad.</p>
    <p>La hipermoda se ha apoderado de la utilidad, se ha apropiado de la producción, del arte y de la cultura a través de una estrategia de comercialización que macroestimula la demanda. Lipovetski advierte del peligro de que el capitalismo de la seducción conduce a una contaminación visual a base de un empobrecimiento estético y de una vulgaridad sin precedentes. En esta carrera por lo efímero ‘ya no hay nada grande ni sublime’, en un mundo mísero de sensibilidad estética.</p>
    <p>El trabajo deja de ser el núcleo social central y el ego se consuma a través de otras aspiraciones alternativas. El individuo se reafirma ante aquello que le ‘apasiona’, igualmente fugaz; el deseo artístico se democratiza y se buscan experiencias que den forma y sentido al cansancio agotador de ser uno mismo.</p>
    <p>La mente deja de estar al servicio del pensamiento racional para configurarse como un punto fuga, de descompresión, de desintoxicación de la vida mundana. Yoga, feng-shui, técnicas de expansión de la conciencia, meditación, mindfulness… dejan de ser prácticas minoritarias y se expanden en la querencia del perfeccionamiento interior, de la conquista de la espiritualidad en horario de días alternos y grupos reducidos. La vida interior se cultiva, se busca la paz exprés para contrarrestar la trifulca en la que vivimos, para liberarnos del estrés constituido ya como la patología elemental del nuestro tiempo.</p>
    <p>El cuerpo se pretende igualmente liviano. Organismos exentos de sufrimiento que, por pequeño, se neutraliza asimilado como insoportable. La vejez ya poco tiene que ver con la degeneración física y la edad avanzada no va en detrimento de agilidad, ligereza y extraordinaria movilidad.</p>
    <p>Dentro del contexto corporal encontramos nuevos elementos reseñables: la sociedad se ha vuelto lipofóbica. El deseo de delgadez en el marco de una cultura de vanidad es una expresión más de los anhelos de ligereza de nuestro tiempo. Bajo el absolutismo de la medida, comemos ‘ligero’, enumeramos calorías y controlamos el IMC. Proliferan las dietas, el fitness, los gimnasios, la cirugía, los complementos alimenticios. El arquetipo de la esbeltez se estandariza y reclama al individuo mas atención, esfuerzo, tiempo y dinero que nunca. Esta exigencia de delgadez no es sólo social, si no el resultado de un narcisismo hiperindividualista que reivindica el diseño del cuerpo en una muestra más de autoreafirmación. Una y otra exigencia, la social y la individual, se convierten en un imperativo implacable e inflexible; en un precepto categórico y deprimente que entraña peligros mayúsculos. Ganar peso es un error intolerable que aleja al individuo de un requerimiento cardinal para la consumación de sus expectativas y en la ausencia de su consecución, la vivencia agrede a la autoestima y genera un torrente de culpabilidad, de autodesprecio y depresión. La propia infravaloración esta al orden del día y el ‘narcisismo negativo’ resultante supone una vez una pesada carga, muy lejana a la vida ligera pretendida y desvirtuada en su máxima definición: ‘amarse a uno mismo’ según lo entendía Nietzche.</p>
    <p>Los nuevos códigos estéticos han encontrado un nuevo target, los hombres, hasta hace poco marginados de la ligereza estética. El hombre–objeto se libera de constricciones y se revela fascinado por comportamientos, tendencias y objetos tradicionalmente femeninos.</p>
    <p>La revolución afecta igualmente al arte que se desmitifica y al que la ligereza ha convertido en otra moda pasajera. Lo que fuera la sublimación de los máximos valores de la cultura, lo excepcional, lo eterno y una muestra de la elevación del espíritu, se presenta hoy —en el mejor de los casos— como algo ‘interesante’ y, por ende, sujeto a la rápida declinación de su interés –volátil, ligero.</p>
    <p>Las relaciones personales no están exentas de cometido en este escenario. La estructura social se invierte y hay cada vez menos matrimonios, más familias monoparentales, más individuación. Si casarse y tener hijos antes era ley de vida, hoy es una decisión, una muestra más de la libertad personal, de autosuficiencia y deseo de autonomía. Uniones light, ligereza conyugal que pese haber otorgado licencia a la unión, no se desapega de la autonomía en forma de ‘tomarse respiros’ y habitaciones separadas.</p>
    <p>Relaciones desechables, sexo liberado, relaciones cool, ausencia de exclusividad, lógica del rehacer sentimental o exigencias de perfección son algunos apuntes de una nómina detallada. Y mientras que el hiperindividuo se desapega, el sentimentalismo se mantiene inalterable. Nueva inversión: cuanto más se desliga el individuo de estas imposiciones tradicionales, más pesa la emotividad en su privacidad. Ante la ausencia de vínculos invulnerables crece la huella de la inseguridad y del abandono, y lo que fuera autonomía se convierte es una soledad insoportable e insondable sensación de fracaso y vulnerabilidad. Ante tal enraizado panorama no sorprende que la libertad se convierta en miedo y el miedo en incapacidad en una muestra más de la multiplicidad de crisis subjetivas e intersubjetivas que comporta el individualismo.</p>
    <p>En estas coordenadas y tras la descripción exhaustiva de los ámbitos y los enfoques de cada uno de los escenarios sociales en los que el concepto se materializa, se expande y toma distintas formas, Lipovetski aborda la paradoja clave: el exceso de ligereza nos lleva de nuevo a la pesadez. La presión por el apoderamiento de la ligereza desemboca igualmente en malestar. La ‘pasión de infinito’ que diría Durkheim alimenta constantemente al monstruo de la decepción. Es la ironía hipermoderna que se nutre de una paradoja excepcional. La conquista de lo intangible y el anhelo de ligereza en todas las esferas producen un efecto extenuante, creando un círculo vicioso que se retroalimenta a sí mismo. Esta situación genera la tensión continua entre lo ligero y lo pesado que se convierte en el marco estructural de la sociedad actual. ‘Pobre Ícaro, cuyas alas no dejan de arder conforme aumentan las promesas de ligereza’.</p>
    <p>La ligereza ha flexibilizado el mundo, lo ha hecho más fluido, pero al mismo tiempo la vida pierde orientación y seguridad, se fragiliza. En cuestión de segundo pasamos del placer cautivador a una angustia visceral. Lipovetski articula la pregunta fundamental que se formulaba Kundera: ‘¿Qué hemos de elegir? ¿el peso o la levedad?’ si bien el título de su obra insigne, La insoportable levedad del ser, dejaba poco resquicio a la duda. La contienda continua entre lo pesado y lo ligero es la más misteriosa de las contradicciones, decía Kundera, pero es que una y otra forman parte de la misma realidad. Y así, inseparables y coexistentes, solo hay una manera de acercar una solución de este problema: la intensidad con la cual se vive cada uno de esos extremos, su organización y equilibro. ‘Lo trágico, dice Lipovetski, no es la levedad del ser, sin no la falta de levedad’.</p>
  </sec>


	</body>

	</article>