Narrativas de poder en la construcción discursiva del enemigo: los marcos informativos de Al-Hurra en la cobertura del asesinato de Soleimani
Narratives of power in the discursive construction of the enemy: Al- Hurra's news frames in the coverage of Soleimani's assassination
Autores
Alzidi, Sadiq A.
https://orcid.org/0000-0002-9013-3522
Universidad de Granada, España
Gómez- Pérez, Francisco Javier
https://orcid.org/0000-0001-7539-1681
Universidad de Granada, España
Datos del artículo
Año | Year: 2025
Volumen | Volume: 13
Número | Issue: 2
DOI: https://doi.org/10.17502/mrcs.v13i2.875
Recibido | Received: 15-4-2025
Aceptado | Accepted: 24-7-2025
Primera página | First page: 1
Última página | Last page: 15
Resumen
Este artículo analiza la construcción narrativa a través de marcos informativos (framing) empleados por el canal Al-Hurra en la cobertura del asesinato del general iraní Qassem Soleimani, comandante de la Fuerza Quds, ocurrido en enero de 2020. El objetivo principal es identificar los enfoques dominantes, los recursos visuales y discursivos utilizados, y examinar el papel del canal como herramienta de diplomacia pública del gobierno estadounidense ante la audiencia árabe. Para ello, se aplica una metodología descriptiva mediante análisis de contenido a todas las emisiones del programa Al-Hurra Tonight durante el mes posterior al atentado. Los resultados revelan un uso predominante de entrevistas vía satélite y reportajes interpretativos, una fuerte presencia de analistas alineados con la narrativa oficial, y una representación constante de Soleimani como amenaza para los intereses estadounidenses. Los marcos informativos responsabilizaron a Irán y a sus milicias aliadas, posicionando a Irak como escenario indirecto del conflicto. Esta narrativa justificó la acción militar y presentó la vía diplomática como alternativa legítima. Las conclusiones señalan que Al-Hurra no se limitó a informar, sino que operó como actor estratégico en la construcción de una narrativa favorable a Estados Unidos, consolidando perspectivas destinadas a moldear la percepción pública en la región árabe.
Palabras clave: Al-Hurra, geopolítica, marcos informativos, propaganda, Soleimani,
Abstract
This article analyzes the narrative construction through framing employed by Al-Hurra channel in the coverage of the assassination of Iranian General Qassem Soleimani, commander of the Quds Force, which took place in January 2020. The main objective is to identify the dominant approaches, the visual and discursive resources used, and to examine the channel's role as a public diplomacy tool of the U.S. government vis-à-vis the Arab audience. To this end, a descriptive methodology is applied through content analysis to all broadcasts of the Al-Hurra Tonight program during the month following the attack. The results reveal a predominant use of satellite interviews and interpretive reporting, a strong presence of analysts aligned with the official narrative, and a consistent portrayal of Soleimani as a threat to U.S. interests. The news frames held Iran and its allied militias responsible, positioning Iraq as an indirect theater of the conflict. This narrative justified military action and presented the diplomatic path as a legitimate alternative. The conclusions indicate that Al-Hurra did not limit itself to reporting but operated as a strategic actor in the construction of a pro-U.S. narrative, consolidating perspectives aimed at shaping public perception in the Arab region.
Key words: Al-Hurra, geopolitics, media framing, propaganda, Soleimani,
Cómo citar este artículo
Alzidi, S., & Gómez-Pérez, F. J. (2025). Narrativas de poder en la construcción discursiva del enemigo: los marcos informativos de Al- Hurra en la cobertura del asesinato de Soleimani. methaodos.revista de ciencias sociales, 13(2), m251302a02. https://doi.org/10.17502/mrcs.v13i2.875
Contenido del artículo
1. Introducción
El asesinato del general iraní Qassem Soleimani, el 3 de enero de 2020 durante un ataque aéreo estadounidense mediante un dron cerca del aeropuerto internacional de Bagdad, constituyó un hito mediático, político y militar de trascendencia global que no sólo generó una ola de repercusiones diplomáticas en Medio Oriente, sino que también activó complejos procesos de construcción narrativa en los medios de comunicación internacionales. Su asesinato, ejecutado sin previo aviso, elevó las tensiones entre Washington y Teherán a niveles críticos, convirtiendo a Soleimani no sólo en una figura de culto nacional, sino también en un símbolo del conflicto entre Estados Unidos e Irán. En este contexto geopolítico-militar, la cobertura del canal estadounidense de habla árabe Al-Hurra ofrece una oportunidad singular para analizar cómo las agendas políticas y estratégicas se trasladan a los marcos informativos en situaciones de conflicto geopolítico.
La figura de Soleimani no puede desligarse del entramado de relaciones internacionales y del desarrollo de la política exterior iraní durante las últimas décadas del siglo XX, siendo una de las figuras militares más influyentes y emblemáticas del Irán contemporáneo. Se forjó su reputación como comandante audaz durante la guerra entre Irán e Irak (1980–1988), conflicto en el que lideró operaciones de alto riesgo, incluyendo misiones de reconocimiento en territorio enemigo. Su ascenso fue meteórico: fue nombrado comandante de división antes de cumplir los treinta años, en un contexto en el que su temple, lealtad y eficacia táctica le ganaron un lugar destacado dentro del aparato militar revolucionario iraní. En 1998, Soleimani asumió el mando de la Fuerza Quds, una unidad de élite de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) especializada en operaciones en el extranjero y considerada por Estados Unidos como un grupo terrorista. Desde esa posición de comandante, se convirtió en el principal arquitecto de la política regional de Irán, articulando redes de influencia político-militar en países como Irak, Siria, Líbano, Afganistán y Yemen (Ostovar, 2016)Ref21. Su figura trascendió lo estrictamente militar cuando en 2011, el Líder Supremo de la Revolución, Ali Jamenei, ascendió a Soleimani como figura militar, calificándolo de “mártir viviente” (Lim, 2015Ref16; Ostovar, 2016Ref21), convertiéndose en un actor diplomático de facto cuya influencia superaba incluso a la del ministro de Asuntos Exteriores iraní, Mohamad Yavad Zarif (Diaconu, 2017)Ref7, siendo el símbolo del expansionismo estratégico iraní, y en una pieza clave del equilibrio regional. Su protagonismo se intensificó especialmente durante la guerra contra el autodenominado Estado Islámico, donde dirigió operaciones clave en Irak y Siria, consolidando alianzas con actores locales. La relevancia del personaje dentro del aparato político-militar iraní lo posicionó como un símbolo de la proyección de poder regional de Teherán, llegando a ser admirado por sus seguidores como un héroe nacional y odiado por sus detractores como el artífice de la injerencia iraní en conflictos regionales. Por ello, Soleimani encarnó las tensiones entre Irán y Occidente convirtiéndose en un objetivo estratégico a abatir para Estados Unidos y sus aliados.
En este marco, el análisis de la cobertura mediática, por parte del canal Al-Hurra, del asesinato de Soleimani permite entender cómo funciona la narrativa del poder y cómo se construyen los discursos desde una perspectiva alineada con los intereses geopolíticos de Washington. Al-Hurra (en árabe, “El libre”) es un canal de noticias en lengua árabe con sede en Estados Unidos, fundado en 2004 y financiado por el gobierno estadounidense. Su señal se transmite vía satélite hacia audiencias del Medio Oriente y el norte de África como parte de la estrategia de diplomacia pública de Estados Unidos en esta región geopolíticamente sensible. Concebido como una herramienta de proyección exterior, el canal combina una oferta informativa centrada en valores democráticos con una narrativa alineada con los intereses de la política exterior estadounidense (El-Nawawy, 2006Ref8; Rugh, 2004Ref22). Su misión declarada es proporcionar contenidos “objetivos, precisos y relevantes”, al tiempo que promueve el pluralismo mediático y amplía el espectro de ideas y opiniones disponibles en los medios árabes. Para ello, Al-Hurra enfatiza la cobertura de temas relacionados con las políticas de Estados Unidos y da visibilidad a voces consideradas marginales o ausentes en el panorama mediático local. En este contexto, el canal opera no sólo como un medio de información, sino como un actor estratégico que busca moldear la opinión pública regional mediante la legitimación discursiva de valores y agendas del gobierno estadounidense.
El presente estudio se propone explorar cómo fueron construidos y aplicados los marcos informativos por Al-Hurra en la cobertura del asesinato de Soleimani, especialmente a través del programa de televisión Al-Hurra Tonight. El análisis parte de la teoría de los marcos mediáticos, también conocida como framing, que sostiene que los medios no sólo informan sobre los hechos, sino que los interpretan y configuran mediante narrativas específicas que orientan la comprensión del público; así pues, se parte del supuesto de que los acontecimientos no poseen un significado intrínseco, sino que adquieren sentido a través de los marcos o estructuras interpretativas en las que los medios de comunicación los sitúan.
El marco informativo es una estructura narrativa mediante la cual los medios de comunicación seleccionan, organizan y jerarquizan elementos de la realidad para dotar a los acontecimientos de un significado específico; por tanto, los medios no sólo informan, sino que también orientan la interpretación del público sobre los hechos, destacando ciertos aspectos y omitiendo otros, en función de objetivos ideológicos, políticos o estratégicos (Entman, 1993Ref9; Van Dijk, 1985Ref28). En contextos de conflicto o tensión geopolítica, como demuestra el caso del canal Al-Hurra, los marcos informativos operan como dispositivos discursivos que legitiman acciones, construyen enemigos y consolidan percepciones alineadas con los intereses de los emisores; de este modo, el valor informativo de un hecho depende menos de su existencia objetiva que del tratamiento que recibe dentro del discurso mediático (Zerfass, Fink & Linke, 2011Ref31; Chen et al., 2021Ref5).
Desde una perspectiva cognitiva, los marcos funcionan como estructuras mentales que permiten al receptor interpretar la información de forma coherente con su sistema de creencias, pero también como herramientas de poder simbólico que pueden redefinir la percepción pública sobre actores, eventos y relaciones internacionales (Mintz & Wayne, 2016Ref18; Smith, Disessa & Roschelle, 1994Ref26). En este sentido, el marco informativo no consiste meramente en presentar los acontecimientos, sino en ofrecer claves de lectura que influyen en la percepción social y política de estos (Van Dijk, 1985)Ref28. Esta teoría permite analizar y medir cómo los medios reorganizan los mensajes y textos relacionados con determinados temas o eventos, ubicándolos en contextos narrativos que refuerzan o niegan significados específicos. Dichos significados se alinean con las experiencias previas del receptor o con la realidad percibida por éste, influyendo en su interpretación, juicio y evaluación de los hechos (Chen et al., 2021)Ref5.
El marco informativo actúa como un filtro que selecciona ciertos aspectos de la realidad para destacarlos, mientras omite o minimiza otros. Esta selección no es aleatoria: responde a intenciones comunicativas específicas y determina el ángulo desde el cual el público accederá a la información. En consecuencia, los marcos influyen en la forma en que se estructura cognitivamente un tema, delimitando las dimensiones del discurso y condicionando la interpretación del mensaje por parte de la audiencia (Van Dijk, 1985Ref28; Liu, Nersessian & Stasko, 2008Ref17). Además, los marcos no sólo transmiten información explícita, sino que apelan a contenidos implícitos mediante el uso de símbolos, abstracciones y referencias culturales compartidas. La teoría del framing considera así tanto los componentes manifiestos como los latentes del mensaje, lo que la convierte en una herramienta especialmente útil para estudiar el contenido ideológico, los posibles sesgos y las intenciones estratégicas de los medios (Smith, Disessa & Roschelle, 1994)Ref26. Su análisis nos permite comprender cómo los medios participan activamente en la construcción de sentido, especialmente en contextos de conflicto, propaganda o diplomacia pública.
2. Objetivos
El principal objetivo de esta investigación se orienta a comprender de qué manera el canal Al-Hurra, medio televisivo estadounidense vía satélite de habla árabe, construyó y proyectó marcos informativos sobre el asesinato del general iraní Qassem Soleimani, con especial atención a los elementos discursivos, visuales y estructurales que caracterizaron su cobertura. A su vez, se marcan como objetivos específicos de este trabajo: a) enfatizar el uso estratégico del framing en un contexto de conflicto; b) destacar el papel de un medio de comunicación como instrumento de diplomacia pública y de construcción simbólica; c) realizar una lectura crítica del rol del medio de comunicación en un conflicto, y d) proponer un debate sobre los límites entre periodismo, diplomacia pública y propaganda.
Por tanto, esta aproximación busca desentrañar las estrategias mediáticas implícitas en la narrativa del canal Al-Hurra en la cobertura del asesinato de Soleimani, con el fin de evidenciar los mecanismos a través de los cuales se intenta influir en la opinión pública regional e internacional respecto a uno de los episodios más tensos de las relaciones entre Estados Unidos e Irán. Para así, al partir de este enfoque general, centrar el propósito central de la investigación es identificar y desentrañar los encuadres predominantes, las fuentes más utilizadas, los objetivos comunicativos implícitos y los recursos técnicos empleados por Al-Hurra para legitimar la acción militar estadounidense y responsabilizar a Irán del episodio.
3. Metodología
El diseño metodológico adoptado es de carácter descriptivo, con una orientación analítica basada en el enfoque cuantitativo-cualitativo propio del análisis de contenido. Esta elección responde a la necesidad de examinar no sólo la frecuencia y forma de aparición de ciertas unidades temáticas, sino también la lógica discursiva y simbólica que subyace en los contenidos difundidos. La investigación se inscribe dentro de un paradigma empírico-analítico que permite estudiar las prácticas mediáticas en contextos de alta tensión internacional mediante técnicas sistemáticas y replicables de análisis del discurso periodístico (Chen et al., 2021Ref5; Van Dijk, 1985Ref28).
El corpus de análisis está conformado por todas las emisiones del programa Al-Hurra Tonight transmitidas durante el mes posterior al asesinato de Soleimani, lo cual permite delimitar un marco temporal preciso y pertinente para observar el tratamiento mediático inicial de un hecho de alto impacto político. A través del análisis de contenido, se categorizaron las unidades discursivas en función de variables previamente establecidas: tipo de formato informativo (noticia, reportaje, entrevista, comunicación vía satélite…), uso de elementos visuales (fotografías, vídeos, infografías, gráficos, mapas…), fuentes empleadas (analistas, declaraciones oficiales, agencias de noticias…), intencionalidad del mensaje (informar, justificar, escalar el conflicto…) y tipos de marcos informativos o framing (conflicto, responsabilidad, consecuencias, soluciones…).
El proceso de análisis combina técnicas de codificación cuantitativa con herramientas de interpretación cualitativa. En una primera fase, se realiza una codificación sistemática de los materiales emitidos, empleando como unidades de análisis la forma del mensaje, su contenido temático y la estructura narrativa. A partir de esta codificación, se identifican patrones recurrentes en el uso de recursos narrativos y visuales, lo que permite establecer correlaciones entre los objetivos comunicativos y las decisiones editoriales del canal.
Posteriormente, se procedió a una lectura crítica del discurso mediático, tomando como referencia las categorías teóricas del framing (conflicto, responsabilidad, consecuencias económicas, interés humano y moralidad), que permiten comprender cómo los medios seleccionan y jerarquizan ciertos aspectos de la realidad para construir un sentido específico sobre los acontecimientos (Semetko & Valkenburg, 2000Ref25; Zerfass, Fink & Linke, 2011Ref31; Smith, Disessa & Roschelle, 1994Ref26). De las distintas clasificaciones de los marcos informativos que han sido propuestas por diversos autores, nos basaremos en las más reconocidas y utilizadas en la literatura académica, especialmente en estudios de comunicación política y análisis de medios: a) marco de conflicto: presenta los hechos como una confrontación entre actores, ideas o intereses, resaltando la polarización, el enfrentamiento o la competición; b) marco de responsabilidad: atribuye la causa o solución de un problema a individuos, instituciones o factores estructurales, siendo fundamental en la construcción de culpables o responsables ante la opinión pública; c) marco de consecuencias: enfatiza los posibles efectos de un evento, acción o decisión, ya sean positivos o negativos, siendo utilizado para anticipar impactos sociales, económicos, políticos, etc.; d) marco de soluciones: ofrece propuestas para abordar o resolver los problemas presentados, pudiendo legitimar determinadas respuestas políticas o diplomáticas; e) marco moral o ético: introduce juicios de valor o apelaciones a principios morales, asociado a menudo con el uso de lenguaje emocional o ideológico; f) marco de interés humano: humaniza la noticia al centrarse en historias personales, emociones o testimonios, buscando generar empatía o conmoción en el receptor; g) marco económico: sitúa los hechos desde la perspectiva del coste-beneficio, el impacto financiero o los indicadores económicos; y h) marco de atribución causal: similar al de responsabilidad, pero centrado en explicar el origen o las razones profundas de un fenómeno más que en señalar culpables. Estas categorías no son excluyentes entre sí y pueden combinarse en una misma pieza informativa. Su identificación permite comprender cómo los medios construyen una determinada visión del mundo y orientan la interpretación pública de los acontecimientos, por tanto, no sólo transmiten hechos, sino que activamente influyen y anticipan decisiones gubernamentales, y con mayor ímpetu en la legitimación de las intervenciones bélicas (Entman, 1993Ref9; Semetko & Valkenburg, 2000Ref25; Wangen, 2019Ref29). A su vez, Teresa Sádaba (2006)Ref23 nos introduce a la teoría del framing desde una perspectiva académica y aplicada, con fundamento simbólico y análisis empírico, aportando un enfoque riguroso sobre cómo estos marcos informativos funcionan y se configuran en los medios.
A este respecto, Glazier & Boydstun (2012, p. 430)Ref11 mostraron como los medios se alinearon altamente con el presidente estadounidense tras los atentados del 11-S. A su vez, Butler (2012, p. 52)Ref4 explica: "la tradición de guerra justa ofrece un foro discursivo esencial para definir la legitimidad de la guerra", a lo que Olmastroni (2014, p. 10)Ref20 añade: "[...] el framing no es unidireccional del gobierno al público, sino un ciclo interactivo entre élites, medios y opinión pública".
Para finalizar, habría que referenciar los trabajos coordinados por Carlos Muñiz (2022)Ref19 especialmente por su enfoque en cómo los medios legitiman y justifican acciones políticas, en el contexto iberoamericano, para fundamentar la continuidad del uso del marco informativo (framing) como herramienta narrativa en diferentes contextos. Fuera del contexto bélico, Alas (2021)Ref2 analiza el uso del framing en las noticias y en la comunicación política electoral, desde un análisis de contenido cualitativo de varias campañas electorales en el contexto español.
Nuestro estudio se centra en la preeminencia de ciertos marcos, como la representación de Soleimani como terrorista, la caracterización de Irak como terreno de confrontación indirecta entre Estados Unidos e Irán, o la insistencia en las llamadas al diálogo como única salida legítima al conflicto, que se analizan en su relación con los objetivos estratégicos de la política exterior estadounidense. Esta lectura se refuerza por la evaluación de los elementos visuales más utilizados, como fotografías emocionalmente cargadas y clips de vídeo que buscan asociar a Soleimani con la violencia y el extremismo. Asimismo, se observa una clara preferencia por voces expertas alineadas con la narrativa oficial, en detrimento de fuentes alternativas que pudieran matizar o cuestionar dicha interpretación (Blumler & Kavanagh, 1999Ref3; El-Nawawy, 2006Ref8).
De este modo, el enfoque metodológico adoptado permite no sólo cuantificar los recursos y marcos utilizados por Al-Hurra, sino también interpretar su función dentro de una estrategia más amplia de diplomacia pública y construcción de hegemonía simbólica en el espacio comunicativo transnacional. La articulación entre técnicas cuantitativas y lectura crítica cualitativa asegura una aproximación comprensiva al fenómeno, capaz de revelar tanto las lógicas estructurales de la cobertura como sus efectos potenciales en la configuración de percepciones y actitudes en la audiencia árabe. Esta metodología se constituye como un instrumento eficaz para evidenciar cómo los marcos mediáticos no son simples estructuras narrativas, sino herramientas discursivas que participan activamente en la producción de sentido político en contextos de conflicto internacional (Diaconu, 2017Ref7; Chubin, 2010Ref6).
4. Resultados
La investigación analizó en profundidad el tratamiento informativo ofrecido por el canal estadounidense de habla árabe Al-Hurra en torno al asesinato del general iraní Qassem Soleimani, ocurrido el 3 de enero de 2020 en Bagdad. Como hemos señalado, se han examinado todas las emisiones del programa Al-Hurra Tonight durante el mes posterior al suceso, con el fin de identificar los marcos narrativos predominantes, las fuentes utilizadas, los objetivos comunicativos y los recursos visuales empleados. Los resultados se presentan a continuación organizados en torno a los principales ejes analíticos establecidos en el diseño metodológico, por lo que partiremos del análisis del tipo de formato informativo usado (noticia, reportaje, entrevista, comunicación vía satélite…), posteriormente nos centraremos en el uso de los elementos visuales (fotografías, vídeos, infografías, gráficos, mapas…), continuaremos viendo las fuentes empleadas (analistas, declaraciones oficiales, agencias de noticias…), así como la intencionalidad del mensaje (informar, justificar, escalar el conflicto…) y, finalmente nos centraremos en el análisis de los tipos de marcos informativos, o framing, empleados (conflicto, responsabilidad, consecuencias, soluciones…).
Uno de los primeros elementos relevantes que arrojó el análisis fue la distribución de los formatos informativos utilizados por el canal. Entre las 100 piezas analizadas, el formato más utilizado fue la entrevista o diálogo a través de videollamada vía satélite, con un 42% de presencia en el total de emisiones. Este tipo de formato se utilizó preferentemente para ofrecer la opinión de analistas políticos y de seguridad, quienes, como se verá más adelante, jugaron un papel clave en la construcción del enfoque interpretativo del evento. En segundo lugar, se ubicaron los reportajes, con un 29%, seguidos por las noticias convencionales (22%) y, en menor medida, por conversaciones en estudio (4%) e investigaciones especiales (3%). Este predominio del formato dialógico mediante videollamada refleja una estrategia orientada a dotar de legitimidad y profundidad analítica a la cobertura, delegando en voces expertas la interpretación de los hechos. La selección de dichas voces, sin embargo, no fue neutral. El 58,1% de las fuentes consultadas correspondieron a analistas políticos o de seguridad, cifra muy superior al uso de declaraciones oficiales (17,6%) o de reporteros propios (8,1%), lo cual indica una preferencia clara por actores discursivos que pudieran sustentar, desde una apariencia técnica o profesional, los marcos informativos que el canal deseaba proyectar (Gráfico 1).
Otro de los hallazgos relevantes fue la utilización intensiva de elementos visuales para reforzar los marcos narrativos. El recurso más usado fue la fotografía (43,2%), seguida de clips de vídeo (26,1%) e infografías (12,6%). Las imágenes mostraban, en muchos casos, a Soleimani en contextos bélicos o junto a líderes de milicias, o bien retrataban las reacciones de dolor en Irán tras su muerte, en una estrategia que oscilaba entre la demonización del personaje y la exposición de las consecuencias emocionales del acontecimiento. Las infografías, por su parte, destacaban el poderío militar de Estados Unidos y la red de influencia iraní en la región, lo que permitía al espectador comprender la magnitud del conflicto y la supuesta necesidad de una acción decisiva por parte de Washington (Gráfico 2).


Este análisis de la forma del contenido también permitió observar que el lenguaje empleado en los contenidos era mayoritariamente técnico y analítico, reforzado por el uso constante de expertos. La escasa presencia de voces ciudadanas, de líderes locales o de representantes iraníes impidió la pluralidad narrativa y consolidó una lectura unívoca del conflicto. Esta ausencia de diversidad discursiva sugiere una orientación editorial alineada con los principios de la diplomacia pública estadounidense, que busca proyectar una visión homogénea de los intereses de seguridad regional, donde el enemigo iraquí está claramente identificado (Chubin, 2010Ref6; Diaconu, 2017Ref7).
El análisis de las fuentes informativas empleadas por el canal Al-Hurra en su cobertura del asesinato de Qassem Soleimani revela una clara tendencia hacia la centralización del discurso en actores especializados alineados con el posicionamiento de la narrativa estratégica de la cadena sobre este acontecimiento. Tal como se observa en el gráfico, los analistas políticos o de seguridad constituyen la fuente predominante, con un 58,1% del total de menciones, lo que indica una fuerte orientación interpretativa más que meramente descriptiva del acontecimiento. Esta estrategia refuerza la construcción de un marco informativo argumentativo favorable a la política exterior estadounidense, privilegiando la opinión de expertos que legitiman la acción militar. Le siguen las declaraciones oficiales con un 17,6%, lo que muestra una incorporación moderada del discurso institucional. En contraste, las fuentes periodísticas propias (reporteros, agencias de noticias y periódicos) apenas alcanzan conjuntamente un 18,9%, lo que limita la diversidad narrativa y reduce la pluralidad informativa. Finalmente, categorías como “otras fuentes” o “fuentes de seguridad” representan un porcentaje residual (2,7% cada una), confirmando el enfoque centralizado y estratégico de la selección de voces. La elección de expertos y fuentes indica una orientación editorial centrada en la interpretación y no una simple cobertura factual (Blumler & Kavanagh, 1999)Ref3. Todo ello, refuerza la idea de que estos datos evidencian que Al-Hurra se apoyó principalmente en voces expertas afines para sostener una narrativa coherente con los intereses geopolíticos del gobierno de Estados Unidos (Gráfico 3).
La intencionalidad de los mensajes emitidos por Al-Hurra se revela a través de los objetivos comunicativos implícitos en el tratamiento informativo de los hechos, los cuales permiten identificar las estrategias discursivas del canal en el contexto del asesinato del general Qassem Soleimani. Los datos obtenidos muestran una distribución claramente orientada hacia la consolidación de una narrativa estratégica, en la que predomina la función persuasiva sobre la meramente informativa. El 37,7% de los contenidos analizados tenía como propósito principal escalar el conflicto narrativo, es decir, contribuir a la construcción de un clima de tensión que presentara a Estados Unidos no como un actor reactivo, sino como un agente activo, con disposición a adoptar medidas punitivas contundentes frente a la amenaza iraní. Este framing no sólo refuerza la imagen de firmeza del gobierno estadounidense, sino que también contribuye a disuadir a otros actores regionales, legitimando una política exterior basada en la demostración de poder. En segundo lugar, un 31,9% de las piezas tuvo como objetivo central justificar la acción militar mediante la representación de Soleimani como una amenaza inminente, lo que se tradujo en un discurso reiterativo sobre su papel en la expansión del terrorismo y la desestabilización regional. Con este enfoque, el general iraní deja de ser un sujeto político o militar para convertirse en un símbolo del “enemigo legítimo”, cuya eliminación se presenta no sólo como necesaria, sino como moralmente justificada. Este tipo de marco informativo busca moldear la percepción pública regional e internacional, reduciendo el margen para interpretaciones alternativas del evento y reforzando la idea de que el asesinato fue una respuesta defensiva racional frente a un peligro concreto. Por otro lado, sólo el 30,4% de los contenidos tenía como objetivo primordial informar de forma objetiva sobre los hechos, sin adoptar un posicionamiento interpretativo explícito. Esta cifra, aunque no desdeñable, resulta reveladora al contrastarla con el peso otorgado a las funciones justificativas y de escalada. Si bien esta proporción indica que el canal no omitió completamente su rol informativo tradicional, deja claro que este no fue el eje predominante de su línea editorial. La combinación de estos objetivos comunicativos permite entender que el tratamiento informativo no obedeció a una lógica neutral, sino a una estrategia de encuadre coherente con los intereses geopolíticos estadounidenses, donde la información, la interpretación y la argumentación se articulan en función de una narrativa hegemónica. En este sentido, la cobertura de Al-Hurra no puede ser entendida únicamente como un ejercicio de periodismo internacional, sino como parte de un aparato más amplio de diplomacia pública, en el que los medios operan como dispositivos simbólicos para la construcción de consenso y legitimación de la acción exterior (Zerfass, Fink & Linke, 2011Ref31; El-Nawawy, 2006Ref8) (Gráfico 4).


Es el momento de acercarnos a los resultados del análisis de los marcos informativos, o framing, empleados por el programa Al-Hurra Tonight durante la cobertura del asesinato del general Qassem Soleimani en enero de 2020, para verificar si revela una clara orientación narrativa que responde a una lógica de simplificación binaria del conflicto geopolítico. En relación con los marcos de conflicto, se identificaron cinco grandes categorías que permiten comprender cómo el canal configuró el entorno discursivo del evento. El encuadre al que más se recurre fue “Irak afectado por decisiones iraníes”, con un 34,5% de las piezas, lo cual sitúa a Irak como víctima indirecta de la intervención iraní, desplazando así el foco de atención de la acción militar estadounidense y posicionando a Teherán como actor desestabilizador. Este marco refuerza la idea de que el asesinato de Soleimani no fue un acto unilateral, sino una respuesta dentro de un contexto de provocación sistemática. Le sigue el marco “Estados Unidos castiga a Irán”, con un 20,4%, que naturaliza la intervención militar como una acción correctiva y proporcionada. Este marco es fundamental para consolidar la imagen de Estados Unidos como garante del orden regional, al tiempo que justifica el uso de la fuerza como herramienta legítima de política exterior. En tercer lugar, aparece “Amenaza iraní a los intereses estadounidenses en Oriente medio” (19,7%), un marco particularmente útil para establecer una narrativa preventiva, en la que este magnicidio se presenta como una medida para evitar mayores daños a los intereses estratégicos de Washington. Las categorías menos frecuentes, como “tensiones crecientes entre EE. UU. e Irán” (15,5%) y el “rechazo estadounidense del programa nuclear iraní” (9,9%), completan el espectro de framing, funcionando como marcos de apoyo que refuerzan el relato central. El conjunto de estos datos pone de manifiesto una intencionalidad discursiva centrada en simplificar el conflicto bajo una estructura dicotómica, en la que Irán es presentado como el agresor y Estados Unidos como el defensor de la seguridad regional. Esta construcción maniquea del conflicto forma parte de las estrategias comunicativas propias de la diplomacia pública mediática (Chubin, 2010Ref6; Mintz & Wayne, 2016Ref18).
Este mismo objetivo de justificar la operación militar también se consolidó en los marcos informativos de responsabilidad, los cuales jugaron un papel crucial en la asignación de culpas y la estructuración de la narrativa de legitimación. El 41,5% de las piezas atribuyó la responsabilidad directa a las milicias apoyadas por Irán en Irak y Siria, reforzando la imagen de descontrol en un entorno armado, cuya existencia se vincula a la acción encubierta de Teherán. Este marco tiene la función de desplazar el foco desde el Estado iraní hacia actores subestatales, aumentando la percepción de amenaza difusa y justificando intervenciones más amplias. En segundo lugar, el 30,9% de los contenidos responsabilizó directamente a Soleimani, a quien se presentó como un “terrorista internacionalmente buscado”. Esta caracterización no sólo deslegitima su figura política y militar, sino que habilita moralmente su eliminación como una necesaria acción preventiva. Finalmente, un 27,6% de los mensajes responsabilizó a Irán como Estado, por su política exterior agresiva y su supuesta implicación en acciones desestabilizadoras en la región, lo que refuerza una narrativa orientada a construir una cadena de causalidad clara y funcional para los intereses de la política exterior estadounidense, distribuyendo la responsabilidad entre actores estatales, militares e irregulares. Además, esta distribución contribuye a consolidar la percepción de Irán no como un Estado racional, sino como un sistema articulado de amenazas que opera en múltiples niveles, desde el liderazgo hasta las milicias (Gráfico 5).
La reiteración de estos marcos sugiere una intención de construir un relato coherente en el cual el asesinato se presenta no como un acto unilateral de agresión, sino como una respuesta legítima frente a un peligro creciente. En este sentido, el canal se alinea con la narrativa del gobierno estadounidense, que defendió la operación como una acción preventiva. Esto queda reforzado por la manera en que se presentó a los actores involucrados. Soleimani apareció como figura principal en el 37,6% de los contenidos, seguido por el presidente Donald Trump (29,4%) y el líder supremo iraní, Ali Khamenei (19,3%). La centralidad de Soleimani en los relatos no sólo obedecía a su rol como víctima del ataque, sino también a su representación como símbolo de la política exterior iraní más agresiva. En los reportajes y entrevistas se resaltó su papel en la formación de milicias extranjeras, su apoyo al régimen sirio y su liderazgo en operaciones contra intereses estadounidenses. Esta representación contribuyó a consolidar la imagen del general como un actor peligroso, con el fin de justificar su eliminación desde el punto de vista de la audiencia regional.
El análisis de los marcos discursivos vinculados a las consecuencias del asesinato del general Qassem Soleimani permite observar una clara orientación narrativa en la cobertura del canal Al-Hurra. Como muestra el siguiente gráfico, el framing más usado fue el que presenta a Irak como el principal escenario de confrontación indirecta entre Estados Unidos e Irán, en un 40% de las piezas analizadas. Este marco refuerza la idea de que la inestabilidad de la región es resultado de la pugna entre ambas potencias en territorio iraquí, y legitima una presencia militar prolongada de EE. UU. en la zona.
En segundo lugar, aparece el marco de “guerra por el poder en Medio Oriente” (19,3%), seguido muy de cerca por la categoría “estrategia estadounidense para confrontar a Irán” (18,6%), lo que evidencia una narrativa proactiva por parte de Washington y la reconfiguración de su política exterior respecto a Teherán. Otros marcos menos frecuentes, como “negociaciones futuras” (12,5%) o el “estallido de guerra directa” (6,2%), complementan esta visión con escenarios de menor probabilidad, mientras que la respuesta militar total de Irán apenas fue contemplada en el 3,4% de las piezas informativas estudiadas, lo que sugiere una minimización deliberada de su capacidad de reacción. Estos datos reflejan una estrategia comunicativa orientada a justificar la acción militar y prever un conflicto controlado, sin escaladas que cuestionen la legitimidad estadounidense; no obstante, el conflicto muestra una apertura discursiva hacia una salida diplomática, lo cual es coherente con las soluciones promovidas por el canal (Gráfico 6).


El análisis de los marcos de solución propuestos por Al-Hurra en su cobertura posterior al asesinato de Soleimani revela una estrategia discursiva orientada a legitimar la acción militar como paso previo a la diplomacia. Tal como muestran los datos, la opción más destacada fue la “invitación a Irán a sentarse en la mesa de negociaciones”, con un 37,8%, lo que proyecta una imagen de apertura por parte de Estados Unidos y refuerza su posición como actor racional y dialogante. En segundo lugar, aparece el marco “imponer sanciones a Irak si exige la retirada de tropas extranjeras” (25,6%), lo cual pone de relieve la tensión entre el discurso diplomático y la coerción económica frente a gobiernos aliados, pero políticamente inestables. A ello, se suma el 23,2% dedicado a la propuesta de “imponer más sanciones a Irán”, que evidencia la continuidad de la estrategia de “máxima presión” impulsada por la administración norteamericana. Completa estas soluciones el marco dedicado a la idea de “combatir la influencia iraní en la región”, que aparece en un 13,4% de los espacios analizados, lo que propone combatir directamente la influencia iraní mediante acciones militares o de inteligencia, lo cual refuerza la narrativa de contención estratégica. Estos datos son significativos, ya que revelan que, pese al tono de confrontación de buena parte del discurso del canal, se promovió una solución basada en la presión económica y diplomática, en sintonía con la estrategia general de la administración Trump para el conflicto con Irán (Akbarzadeh & Conduit, 2016Ref1; Kerr & Katzman, 2018Ref15).
Todos estos marcos informativos identificados en la cobertura del magnicidio por parte del canal estadounidense se centraron en responsabilizar a Irán, y particularmente a Soleimani, de su propio asesinato, argumentando que su actividad representaba una amenaza directa para los intereses estadounidenses en la región. Esta línea narrativa posiciona a Soleimani como un terrorista internacionalmente buscado (Seliktar & Rezaei, 2020)Ref24.
En paralelo, se presenta a Irak como un territorio influido por Irán y convertido en campo de batalla entre potencias regionales e internacionales, lo que refuerza la idea de inestabilidad crónica atribuida a la injerencia iraní. La cobertura también apuntó a justificar la acción militar de Estados Unidos como una medida preventiva para salvaguardar vidas estadounidenses, especialmente tras el asalto a la embajada en Bagdad en diciembre de 2019 (Katzman & Humud, 2016)Ref14. Esta construcción argumentativa se alinea con las directrices de la administración Trump, cuya política hacia Irán se caracterizó por una ruptura radical con el acuerdo nuclear firmado durante la presidencia de Barack Obama (Hiro, 1991)Ref13, así como por una intensificación de las sanciones económicas y la confrontación directa con el régimen iraní (Mintz & Wayne, 2016Ref18; Chubin, 2010Ref6).
Por tanto, el análisis de estos framing evidencia que Al-Hurra Tonight estructuró su discurso en torno a una lógica que combina disuasión, presión económica y apertura condicionada al diálogo. Estableció esta estrategia comunicativa general que, lejos de ser aleatoria, responde a una lógica coherente con los intereses geoestratégicos de Estados Unidos. El uso selectivo de formatos, fuentes, imágenes, marcos y objetivos comunicativos permite al canal construir un relato en el cual la intervención estadounidense aparece como inevitable y necesaria. La figura de Soleimani, en este contexto, se convierte en el símbolo de un enemigo difuso pero constante, cuya eliminación representa tanto un castigo como un mensaje de disuasión. Esta narrativa no sólo se dirige al público árabe regional, sino también al ámbito internacional, en un esfuerzo por legitimar mediáticamente una acción que fue criticada por diversos actores internacionales por su carácter unilateral.
5. Discusión
Este estudio se basa en el análisis de contenido de todas las emisiones del programa Al-Hurra Tonight durante el mes posterior al asesinato de general Qassem Soleimani. Desde la óptica del análisis crítico del discurso, se puede interpretar que Al-Hurra no sólo ofreció información sobre el acontecimiento, sino que participó activamente en la elaboración de un relato que buscaba legitimar la acción estadounidense y presentar a Irán como el actor desestabilizador por excelencia en la región (Farhi, 2005Ref10; Hashim, 2012Ref12). En este sentido, la estrategia mediática del canal se inscribe dentro de un conflicto mayor militar o político, y también simbólico y discursivo. La batalla por la hegemonía en Medio Oriente no sólo se libra en el terreno militar o diplomático, sino también en el espacio mediático, donde los actores en conflicto compiten por imponer su propia interpretación de los hechos.
Frente a esta narrativa, la contrapropaganda iraní ha intentado, por su parte, presentar a Soleimani como un mártir y un héroe nacional, reforzando el imaginario de resistencia frente al imperialismo occidental. Las maniobras militares, las amenazas de represalias y las manifestaciones multitudinarias en Irán tras el asesinato formaron parte de una estrategia comunicativa destinada a capitalizar políticamente la pérdida de uno de sus líderes más carismáticos (Zambakari, 2020Ref30; Tabatabai, 2020Ref27). No obstante, en el contexto de los medios transnacionales, la influencia de canales como Al-Hurra en audiencias árabes plantea interrogantes sobre la eficacia de las narrativas locales frente al poder estructural de la diplomacia pública estadounidense. Esta estrategia evidencia el rol fundamental que juegan los medios de comunicación en la configuración del imaginario colectivo sobre la seguridad, el terrorismo y las relaciones internacionales en el siglo XXI. Así, podemos afirmar que el caso del asesinato del general Qassem Soleimani constituye un laboratorio excepcional para el estudio de los marcos mediáticos en contextos de alta tensión internacional.
A través del análisis de los marcos informativos empleados por el canal Al-Hurra en la cobertura del magnicidio podemos reflexionar en profundidad sobre el papel de los medios internacionales en la construcción de discursos estratégicos durante situaciones de crisis geopolítica. Los medios financiados por gobiernos, como es el caso de Al-Hurra, no operan únicamente como transmisores de hechos, sino como actores políticos que intervienen activamente en la producción de sentido sobre los conflictos internacionales. A partir de los resultados obtenidos, se evidencian patrones discursivos, decisiones editoriales y usos de recursos mediáticos que responden no sólo a una lógica informativa, sino a una intencionalidad comunicacional alineada con intereses de política exterior, lo que nos puede llevar a afirmar que el caso estudiado constituye, por tanto, una muestra paradigmática de cómo los medios pueden funcionar como dispositivos de poder simbólico en el escenario global contemporáneo.
La predominancia del formato de videollamada vía satélite sobre otros tipos de contenidos como noticias convencionales o reportajes es un primer indicio de la estrategia discursiva adoptada. Este formato permitió al canal dotar a su narrativa de un halo de veracidad y análisis, al convocar expertos que ofrecieran interpretaciones supuestamente imparciales del suceso. No obstante, al observar la naturaleza de dichas voces, se descubre que en su mayoría corresponden a analistas políticos, o de seguridad, alineados con visiones cercanas a los intereses estadounidenses. Esta elección selectiva de las fuentes sugiere un diseño editorial intencionalmente dirigido a sustentar una narrativa específica (Blumler & Kavanagh, 1999Ref3; El-Nawawy, 2006Ref8).
La estrategia se refuerza con los resultados obtenidos del análisis de los objetivos discursivos predominantes en la cobertura. La escalada de la tensión fue el propósito más reiterado, seguido de la justificación del conflicto, seguido en menor medida por el objetivo meramente informativo; lo cual revela que Al-Hurra no se limitó a reportar los hechos, sino que buscó activamente legitimar la acción militar y preparar a la audiencia para posibles futuras tensiones. El uso del discurso justificativo es un recurso clásico de los medios estatales en contextos de confrontación internacional, donde los actos militares requieren validación no sólo interna sino también externa (Chubin, 2010Ref6; Zerfass, Fink & Linke, 2011Ref31).
En consonancia con esta orientación, el canal construyó una serie de marcos de responsabilidad y conflicto en los que Irán aparecía como actor agresor y desestabilizador. Así, mayoritariamente se culpó a las milicias respaldadas por Teherán, al propio Soleimani, caracterizado como “terrorista internacionalmente buscado”, y al comportamiento general de Irán en la región. Esta convergencia discursiva con la narrativa oficial del gobierno de Donald Trump refleja la función del canal como herramienta de diplomacia pública, en línea con lo que diversos autores han identificado como el uso instrumental de los medios financiados por Estados para influir en la opinión pública extranjera (Rugh, 2004Ref22; Akbarzadeh & Conduit, 2016Ref1). Por ello, la centralidad de la figura de Soleimani en los contenidos no sólo obedece a su rol como figura clave del evento, sino también a su simbolismo como encarnación del expansionismo iraní. Al destacar su rol en la región y su influencia sobre grupos armados no estatales, Al-Hurra contribuyó a configurar una imagen que lo vincula con la inestabilidad regional y, por ende, refuerza la necesidad de su eliminación. Esta construcción mediática de la figura del “enemigo” es fundamental en la legitimación de la violencia estatal, como ha sido ampliamente documentado por estudios sobre framing en conflictos internacionales (Van Dijk, 1985Ref28; Mintz & Wayne, 2016Ref18).
Los recursos visuales utilizados por el canal cumplen un papel complementario esencial. Como se observa en el gráfico correspondiente, las fotografías fueron el recurso visual más utilizado, seguidas de los clips de vídeo y las infografías, lo que evidencia que la carga emocional de las imágenes, especialmente aquellas que mostraban escenas de duelo en Irán, o retratos de Soleimani en contextos militares, no sólo captaban la atención del público, sino que orientaba su interpretación emocional del conflicto. Las infografías, por su parte, refuerzan la visualización del poderío militar estadounidense y la supuesta red de influencia iraní, contribuyendo a simplificar un conflicto complejo mediante mapas de poder fácilmente legibles (Farhi, 2005Ref10; Hashim, 2012Ref12).
La construcción del marco de conflicto mostró una estructura coherente con los intereses de seguridad de Estados Unidos. El encuadre más utilizado fue “Irak afectado por decisiones iraníes”, lo que traslada el foco del conflicto a un tercer país, presentándolo como víctima colateral de la disputa entre Teherán y Washington. Esta narrativa refuerza la idea de que la injerencia iraní no sólo amenaza a EE. UU., sino también a la estabilidad de otros países de la región. Así, el marco “Estados Unidos castiga a Irán” se utiliza entonces como respuesta natural a dicha amenaza, y no como un acto de agresión. La manera en que se presentaron las consecuencias del asesinato refuerza esta lógica. Aunque se mencionó la posibilidad de una guerra abierta, el foco se puso en el reforzamiento de la estrategia de confrontación estadounidense y en la caracterización de Irak como nuevo campo de batalla. Esta orientación anticipa un escenario prolongado de conflicto indirecto, donde las acciones militares se insertan en una narrativa de necesidad y racionalidad estratégica. La opción diplomática, aunque minoritaria, funcionó como una válvula discursiva que proyectaba moderación, sin deslegitimar la acción bélica ya consumada.
El tratamiento de las soluciones refuerza la narrativa de contención y presión diplomática. La invitación al diálogo se presenta como mecanismo legitimador, como una vía que justifica la acción militar como preludio necesario de una negociación futura. Así, Al-Hurra construye una retórica estratégica, donde la violencia se convierte en un medio legítimo para abrir el camino al diálogo. En segundo plano, la imposición de sanciones o las amenazas a Irak aparecen como mecanismos complementarios de presión. Esta lógica multivectorial es característica de la diplomacia coercitiva moderna, que combina comunicación mediática, presión económica y acción militar en un mismo marco de actuación (Diaconu, 2017)Ref7.
Todo este entramado discursivo permite afirmar que el canal Al-Hurra, en su cobertura del asesinato de Soleimani, no actuó simplemente como medio de información, sino como un actor estratégico en la batalla comunicacional por el control del relato. Su cobertura se alinea con los principios de la teoría del framing, en tanto que selecciona y jerarquiza elementos del acontecimiento para construir una interpretación predominante en la audiencia (Zerfass, Fink & Linke, 2011Ref31; Chen et al., 2021Ref5). La ausencia de voces alternativas, el uso predominante de expertos alineados y la selección específica de marcos, fuentes y recursos visuales, evidencian una intencionalidad orientada a validar la acción estadounidense y debilitar la legitimidad del actor iraní. Por ello, los resultados permiten concluir que la cobertura de Al-Hurra no fue neutra ni meramente informativa. A través de mecanismos discursivos claramente identificables, como la elección de fuentes, la selección de marcos, el empleo de imágenes y la formulación de consecuencias y soluciones, el canal configuró un relato coherente con los intereses de Estados Unidos en la región. Este estudio no sólo contribuye a desentrañar la dimensión política de los medios financiados por gobiernos, sino que aporta al análisis de cómo se construyen narrativas hegemónicas en contextos de crisis internacionales, donde el control del relato es tan importante como el control territorial o militar.
6. Conclusiones
En enero de 2020, el asesinato del general Qassem Soleimani, figura central en la política exterior de Irán y comandante de la Fuerza Quds de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica, constituyó un evento de alto impacto geopolítico y comunicacional en el contexto de las tensiones persistentes entre Irán y Estados Unidos. La cobertura de este acontecimiento por parte del canal Al-Hurra, financiado por el gobierno estadounidense y orientado al mundo árabe, revela el papel estratégico de los medios de comunicación internacionales en la construcción y diseminación de marcos informativos alineados con intereses estatales.
A lo largo del análisis de contenido realizado sobre las emisiones del programa Al-Hurra Tonight durante el mes posterior al atentado, se han identificado patrones que permiten concluir que el canal actuó no sólo como transmisor de información, sino como un actor discursivo activo que buscó legitimar la acción militar de Estados Unidos y reforzar su posición en el tablero de la opinión pública regional. Esta función responde a la lógica de la diplomacia pública mediática, entendida como el uso planificado de la comunicación para moldear percepciones y comportamientos en audiencias extranjeras (Rugh, 2004Ref22; El-Nawawy, 2006Ref8). Los datos obtenidos confirman que Al-Hurra recurrió a una estructura narrativa compleja pero coherente, construida sobre la base de framing de responsabilidad, conflicto, consecuencias y soluciones. El canal enfatizó reiteradamente la figura de Soleimani como un “terrorista internacionalmente buscado”, cuyas acciones ponían en peligro las vidas de ciudadanos estadounidenses y la estabilidad de Irak, atribuyéndole la responsabilidad de la tensión, junto a otros actores como las milicias respaldadas por Irán, y el comportamiento regional de Teherán. Esta triple imputación busca reforzar un relato que trasciende el hecho puntual del magnicidio para inscribirlo en una narrativa que construye la amenaza como estructural o permanente. Asimismo, la selección de fuentes refuerza esta intencionalidad, a través de la utilización de las declaraciones de analistas políticos o de seguridad, seleccionados cuidadosamente para sostener la interpretación oficial y reducir el margen de pluralidad en la cobertura. Esta homogeneidad discursiva responde a lo que Zerfass, Fink y Linke (2011)Ref31 han identificado como una estrategia de gobernanza comunicacional, mediante la cual los emisores controlan no sólo los mensajes, sino los marcos cognitivos dentro de los cuales estos deben ser interpretados.
Desde el punto de vista técnico y visual, el canal optó por formatos y recursos orientados a maximizar la eficacia de su discurso. Las entrevistas por videollamada vía satélite y los reportajes dominaron la cobertura, ofreciendo un aire de análisis y profundidad, mientras que las imágenes, especialmente las fotografías y vídeos, permitieron articular emocionalmente el contenido, provocando reacciones específicas en la audiencia. Esta combinación de recursos audiovisuales e interpretación especializada configuró un entorno de recepción que favorecía la adhesión a la narrativa dominante (Hashim, 2012Ref12; Farhi, 2005Ref10).
Uno de los hallazgos más reveladores del estudio es la forma en que Al-Hurra encuadró las consecuencias y soluciones del conflicto. Aunque se reconoció el riesgo de una escalada bélica, el canal insistió en caracterizar a Irak como campo de confrontación indirecta y en presentar la diplomacia como salida preferible, pero sólo tras una acción punitiva inicial. Así, el canal articuló una retórica de racionalidad estratégica, donde la violencia aparece como paso necesario hacia el diálogo, y las sanciones como herramientas de presión legítima. Este encuadre reproduce fielmente la lógica de la política exterior de la administración Trump, basada en la presión máxima y el uso combinado de instrumentos militares, diplomáticos y mediáticos (Kerr & Katzman, 2018Ref15; Mintz & Wayne, 2016Ref18).
A la luz de estos resultados, se puede afirmar que nuestro caso de estudio ofrece una muestra paradigmática del uso del framing mediático como instrumento de política exterior. Lejos de limitarse a informar sobre los hechos, el canal construyó un universo discursivo en el que Estados Unidos aparece como actor legítimo, frente a un adversario agresivo e irracional. Esta narrativa binaria responde a un modelo clásico de construcción del enemigo y se inscribe en la tradición de propaganda estratégica durante situaciones de conflicto (Blumler & Kavanagh, 1999)Ref3. La investigación también pone de relieve la necesidad de considerar el papel de los medios financiados por gobiernos en el análisis de conflictos internacionales. En un contexto de proliferación de plataformas de comunicación y de intensificación de las guerras de información, resulta crucial examinar cómo estos medios seleccionan, jerarquizan y presentan los hechos. El caso de Al-Hurra muestra que la diplomacia pública no se ejerce sólo a través de discursos oficiales, sino también mediante una cobertura informativa cuidadosamente diseñada para influir en la percepción de audiencias clave (Diaconu, 2017Ref7; Chubin, 2010Ref6).
Este estudio aporta a la línea de investigación en Comunicación Audiovisual y Periodismo una lectura crítica del framing como dispositivo narrativo en contextos de confrontación geopolítica. Al analizar la cobertura de Al-Hurra sobre el asesinato de Soleimani, se evidencia cómo los medios financiados por gobiernos no sólo informan, sino que operan como actores políticos que moldean la percepción pública mediante narrativas legitimadoras. La articulación de marcos de conflicto, responsabilidad y solución demuestra que el framing no responde a una lógica exclusivamente periodística, sino que actúa como herramienta discursiva alineada con objetivos de política exterior. De este modo, la investigación no sólo revela los mecanismos simbólicos que sostienen la diplomacia mediática, sino que también abre nuevas vías para problematizar el papel ético y político del periodismo internacional en la configuración del enemigo y la justificación de la violencia estatal.
En términos teóricos, creemos que este estudio contribuye a consolidar el framing como herramienta analítica robusta para desentrañar la lógica narrativa y estratégica de los medios financiados por gobiernos. Por todo ello, planteamos como líneas de investigación futuras la necesidad de invitar a reflexionar sobre la responsabilidad ética de los medios internacionales en contextos de alta sensibilidad geopolítica, aportando un enfoque metodológico replicable basado en el análisis de contenido combinado con una lectura crítica cualitativa, lo cual fortalece el estudio empírico de los discursos mediáticos como dispositivos estratégicos. Si bien es legítimo que un canal defienda ciertos valores o intereses, la manipulación selectiva de los hechos, la omisión de voces disidentes y la construcción de narrativas justificativas de la violencia plantean interrogantes fundamentales sobre el papel del periodismo en la sociedad global. En este sentido, el estudio de los marcos informativos, o framing, no sólo permite comprender mejor los conflictos contemporáneos, sino que también contribuye a la construcción de una esfera pública más plural, crítica y democrática.
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Breve curriculum de los autores
Alzidi, Sadiq A.
Sadiq Abood Lafta Al-Zaidi es Licenciado en Comunicación de Masas y Máster en Medios de Comunicación en la Universidad de Bagdad (Irak), donde fue el primero de su promoción. Actualmente cursa su Programa de Doctorado en Ciencias Sociales, en la línea de investigación de Comunicación Audiovisual y Periodismo, de la Universidad de Granada.
Gómez- Pérez, Francisco Javier
Francisco Javier Gómez-Pérez es Doctor en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Sevilla. Actualmente es Profesor Titular del Departamento de Información y Comunicación en el Grado en Comunicación Audiovisual de la Facultad de Comunicación y Documentación de la Universidad de Granada. Es investigador en el Proyecto I+D “FicTrans: Transmedialización e hibridación de ficción y no ficción en la cultura mediática contemporánea” (2022-2025), e investigador responsable del equipo de investigación CommuniCAV "Procesos de creación, producción y postproducción audiovisual y multimedia".